Llegas a casa y ves que tu perro ha orinado en el salón. Te enfadas, levantas la voz y le echas la bronca. El animal mira hacia abajo con “cara de pena” y satisfecho por un buen aleccionamiento te dispones a limpiar, esperando que tu mascota no lo vuelva a repetir. La pregunta es: ¿Ha servido de algo?

NO

En los últimos años han surgido diferentes estudios que constatan lo que muchos especialistas del comportamiento animal ya sospechaban: El castigo no es un método eficiente para educar.

  • Está demostrado que el castigo provoca ansiedad y estrés. Hace que el perro se vuelva más inseguro e inestable y que presente dificultades para aprender las órdenes que queremos enseñarle.
  • Si no se aplica acto seguido del comportamiento inadecuado, nuestra mascota no entenderá el motivo del castigo (la asociación se rompe en cuestión de pocos segundos). Aplicar mal un castigo puede producir que el perro haga asociaciones indeseadas.
  • Genera frustración cuando éste es mantenido en el tiempo, dado que el animal se muestra sumiso pero seguimos castigando (la frustración es la emoción más cercana al miedo).
  • El castigo genera habituación, por lo que cada vez habrá que aumentar la intensidad de éste para que tenga el efecto deseado.
  • El castigo no enseña la conducta adecuada. El perro no está aprendiendo lo que es correcto y lo que no.

Por lo tanto, lo etólogos hace años que recomendamos no usar el castigo. En vez de eso, el refuerzo positivo y los premios son métodos mucho más rápidos y eficientes para que el perro aprenda y disfrute aprendiendo. Tenemos que entender que aunque los perros sean los mejores amigos de los humanos, siguen siendo animales y necesitan nuestra ayuda para entender lo que queremos de ellos.

Así pues, bajemos los dedos, carguémonos de paciencia y…¡¡A COMPRAR SALCHICHAS!!

Un saludo

Enric Zeitz